lunes, 2 de octubre de 2017

Moñecos: Grissel Bloodsong

Pinto miniaturas desde hace muchos años. Pero muchos. No sé exactamente cuántos, de lo que sí estoy seguro es de que es tiempo más que suficiente como para tener mucho mejor nivel de pintura del que tengo. Pero bueno, qué le vamos a hacer, soy de aprendizaje lento. Últimamente, cuando termino de pintar una miniatura, le hago una afoto y la mando a G+ para que dos o tres personas a las que no conozco de nada me manden un "+1" y me digan algo como "¡Qué bonica!" y yo esa noche me pueda ir a dormir satisfecho pensando: "¡Qué barbaridad, tres me gustas! Estos dos meses pintando han merecido la pena. Me siento completo". El caso es que me he dicho a mí mismo: "Teniendo tu propio blog, ¿por qué no las cuelgas ahí, gañán?". Y eso voy a hacer hasta que me canse y deje de hacerlo, o hasta que los insultos y el escarnio sean demasiado hirientes como para poder soportarlos, lo que ocurra primero.

Arranco con mi último moñeco, una miniatura de Privateer Press, del juego Hordes: Grissel Bloodsong, una warlock de la facción de los trollbloods; pero cuidado, la vieja, la miniatura antigua. Cuando la compré todavía estaba caliente y era de rabiosa actualidad, pero esta ya no se fabrica, la sacaron de circulación y la de ahora es mucho más bonita.  Para que os hagáis una idea de mi velocidad pintando, han pasado tres ediciones del juego antes de tenerla acabada. Creo que cuando la imprimé no había nacido la pequeña.

Muy importante: no ampliéis las fotos, que se ven los brochazos.



Obviamente, la he pintado de rosa porque es una tía, ¿si no cómo voy a distinguirla de un tío?

En realidad ha sido por darle el gusto a mi hija, que siempre que pasa por la mesa de pintura mira el bote de color rosa con melancolía y me pregunta: "Papá, ¿por qué nunca usas el rosa?". Así que yo, conmovido por su desvelo infantil, me he pasado horas peleándome con un color que, efectivamente, no había usado nunca, sólo para complacerla y decirle orgulloso: "Ahí la tienes, hija, una miniatura de rosa. ¿Qué tal, te gusta?". A lo que ella me respondió con todo su candor: "Jo, papá. Qué monstruo más feo". Y un poco eso es la paternidad.

4 comentarios:

Yop, La Torre de Ébano dijo...

Pues está muy bien, leñe.

Yo pinto miniaturas a arreones: Lo mismo pinto 6 de golpe, que no pinto una en 10 años y claro, así me va...

Anónimo dijo...

¡Qué bonica!

Velasco dijo...

@Yop: La intermitencia es la primera ley entre los aficionados a pintar moñecos. La segunda es "Compra más de lo que puedas pintar".

@Anónimo: ¡Gracias! ¡Ha merecido la pena perder dos dioptrías!

Guiu00 dijo...

Tu hija si que sabe, los más machos son los que visten de rosa. Hoy todos hemos aprendido algo, aunque no se bien que.

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